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martes, 20 de marzo de 2012

Entre mis manos un ave

Entre mis manos un ave
salvaje se duerme herida,
con dulzura en la nube
de mi elogio dormida
humedece con lágrimas
el canto que le da cabida.

Yo celebro su extrañeza
quiero permanezca conmigo
no le siento su violencia
que se ha quedado contenida.

Respira aún, no esta muerta,
sangra un poco yo le curo.
Solo espero que resista.
Abre un ojo, luego el otro
tal parece que me mira,
su ala siniestra marchita
dejó un charco de ternura
en mi pecho donde se hila
plumas de ardor y bravura.

Ambiciona dar un vuelo
se siente mejor, cae una vez,
yo la levanto del suelo,
lo intenta de nuevo, un revés,
quiere escaparse y volar
de mis manos protectoras
que no la podrán olvidar,
porque han pasado las horas
la querrán siempre acompañar
no vaya a caer en arenas
que la han de lastimar.

Se siente fuerte e insolente
capaz de moler mis manos
y escupirme en la frente,
revuela y desespera sobre
mis dedos ensangrentados
con un arrebato de locura
firma su vuelo irreverente,
ahora mis manos lastimadas
en mi pecho se anidan
esperan que pasen las horas
que sanen las heridas.


por Rodolfo Oreamuno Ramírez
Corrección de estilo y edición Gloria Serrato

sábado, 17 de marzo de 2012

La urgencia o poema indignado



Desgarrado por la agónica mueca
del desamparo y la política del olvido,
en mis cavernas internas de escalofríos
la sangre calienta
por un canto de rebeldía
por una mirada de esperanza
por una prorrata de libertad
que no sea ultrajada.
La vida entera daría
por ver a mi pueblo emancipado
y con certeza,
en una lucha sin trinchera
con los brazos altivos
y la mirada indomable y progresista
en las calles cuando se requiera.

Ofrendo este urgente clamor pues
sonríe cruda la maldad
de quienes la mirada han puesto
en los espejos con brillo
y obnubilados
se piensan
se sienten
y actúan separados.

Criollos filibusteros
malos hijos de la patria
malos gobernantes
malinches hipócritas
malos funcionarios
que abultan sus bolsillos
con la tragedia del pueblo.
 
Es inminente la victoria
de la rebelión de las ideas
y la emancipación definitiva
contra toda forma de crueldad

Urgente la marcha por la inocencia
de los sueños de tantos niños y niñas
que esperan que el canto de la vida los despierte
Urgente una reforma,
inspirada en el grandioso imaginario
de los héroes que sacrificaron su vida
por legarnos la dicha y la concordia,
que gozábamos
antes del violento saqueo
de la patria inmolada
por desalmados,
provocadores del  caos
investidos de maledicencia
que tomaron la nación rica
e hicieron trizas sus riquezas
su cultura y la paz violada
por sus bajos impulsos,
traidores solapados en una democracia
maltrecha e irrespetada de la que se sirven
conspiradores corruptos.

Urgente la desobediencia civil, y la caricia
de las extremidades levantadas
por el coito alborotado de los ideales
que se inervan en la defensa de la patria.

Urgente una huelga de abrazos
donde la gente se sienta respetada
y vibre el corazón por un porvenir venturoso,
merecido, donde se erradique el hambre y la desdicha.

Urgente que unidos en el ahora
eterno y digno, miremos alto
la justicia y la libertad redimida.

Urgente rescatar con valentía
esa sociedad enferma
al borde de la ruina

Urge, todavía puede salvarse.




por Rodolfo Oreamuno Ramírez
Corrección de estilo y edición Gloria Serrato

lunes, 12 de marzo de 2012

La Letra


La letra no me trata de insensato
Tan libre se consuma en el aire
Que perece la esperanza
revienta la amapola
explota la luna sin clamor
la mar se vacía en el dedal.
Como algunos momentos,
en los que vuelve la ceniza
a ser fénix o cometa.

La letra desata la locura.
Prohibida me puebla el alma
Y desamarra lamentos
de golondrinas solas

Va a pies juntillas una a una,
como queriendo atravesar la sombra
y no dejar rastro de negrura.

Busca ser fiel al firmamento.
En la clara trasparencia
tacha el canto desesperado
que asoma todavía.
Y la quimera se hace polvo
tormento de sierpes
grito de piedra disparada
sueños como trapos
muertos

Acaba la letra con todo indicio de llanto
traviesa se fuga, penetra, y sana la herida.
La verdad se viene cuando se juntan todas
como si el mundo terminara
en el ápice de la tecla.
Las yemas de mis dedos olvidan
su agonía, la de ella, cuando no queda
más que las últimas palabras.




por Rodolfo Oreamuno Ramírez
Corrección de estilo y edición Gloria Serrato

jueves, 8 de marzo de 2012

A punto de ser silencio


Tengo un millar de millares de palabras atragantadas,
un tsunami que se cultiva en los fuegos fractales de mi imaginario y que,
sin medida posible se redime como una ráfaga de energía libre,
que al prorrumpir a cuentagotas cada vez que el ánima se manifiesta
lanza todo su arrojo contenido y no se equivoca,
hace bien deshojarse desde adentro.
En esa necesidad de migrar salen minúsculas y tímidas
como si afloraran del abismo demente de la sombra de cada pensamiento
e imperfectas se alinean y titubean,
pero germinan sin vergüenza, más bien dignas y hasta irreverentes
las palabras.

Soy yo toda esa vorágine de intrépidas afirmaciones, interrogantes, dudas e ideales.
¿O es precisamente todo lo que no soy lo que se desgrana ante mi anuencia al juego de la escritura que antecede al silencio?
Porque después del arrojo desenfrenado queda un silencio,
si,
después de las convulsiones onomatopéyicas de la dominación del sin sentido
se viene la palabra constreñida y queda un silencio como jolgorio de párrafos suicidas,
una paz extraña parecida a un territorio sin fronteras,
semejante a un horizonte mudo de celajes lisonjeros.
Una paz preñada del silencio que arrebata el artificio,
la máscara hueca de cada pensamiento que se hila en la mesura y aquieta las aguas temerarias de la locura.

También soy ese mundo desahuciado que espera su hora en agónica desarmonía,
y me lastima o ¿me dejo lastimar aunque no quiera?
Lastimar por la fuerza de la demencia colectiva que se aglutina cómodamente en cortocircuitos inconscientes y acciones contrarias a la luz de mi espíritu intacto,
y soy cómplice del llanto y la violencia en los rincones del alma atrincherada,
listo para el ataque contra mi propia humanidad.
Frente a mis ojos nublados por la sinrazón aparece el otro como separado, extraño y enemigo.

Suelo ser el amor encarnado cuando reconozco mi sombra única,
esa sombra que taciturna esta a la espera del abrazo deseado, de las caderas y la franqueza
a la espera de las imágenes de un mundo feliz.
Entonces quedo desnudo en el sortilegio de la noche, desatado! en la misteriosa luz de esa luna de marzo
Luz que me libera y me invita al aullido milenario,
a la oquedad del universo librado de toda su compleja maraña de causa y efecto.

No soy estas palabras
aunque me convierten en náufrago derivando en las arenas más profundas del concierto de voces que habita en la neurona primigenia,
ese torbellino sináptico que libera lo mejor del potencial humano
y revela a ese sanador sanándose cada vez que escucha las voces del corazón,
cuando se expande y se contrae en el ritmo primitivo donde yace la verdadera identidad unificada.

La Palabra del núcleo que enclaustra y al mismo tiempo libera mi nombre, es la corazonada de un latido sobreviviente de naufragios y puñales.
Mi maestro interior me desata y aviva la oportunidad de emprender el vuelo de mil palabras.
El alma evoluciona y aprende que cuando se desprende de los verbos hechos nudos en la garganta, se perdona, se ama el designio de cada frase balbuceada e imperfecta,
se mira con asombro y no sin compasión al traidor, al verdugo y al rival,
esos espejos de mí mismo que han perpetrado su ignorancia contra la mía
haciéndonos sentir separados en la grandísima ilusión que es la vida.

Ahora, a punto de ser silencio,
ahora que me contraigo
sé que era insoportable no arrojarlas todas
y por un momento, me quedo sin palabras.

por Rodolfo Oreamuno Ramírez
Corrección de estilo y edición Gloria Serrato