Páginas vistas en total

jueves, 8 de marzo de 2012

A punto de ser silencio


Tengo un millar de millares de palabras atragantadas,
un tsunami que se cultiva en los fuegos fractales de mi imaginario y que,
sin medida posible se redime como una ráfaga de energía libre,
que al prorrumpir a cuentagotas cada vez que el ánima se manifiesta
lanza todo su arrojo contenido y no se equivoca,
hace bien deshojarse desde adentro.
En esa necesidad de migrar salen minúsculas y tímidas
como si afloraran del abismo demente de la sombra de cada pensamiento
e imperfectas se alinean y titubean,
pero germinan sin vergüenza, más bien dignas y hasta irreverentes
las palabras.

Soy yo toda esa vorágine de intrépidas afirmaciones, interrogantes, dudas e ideales.
¿O es precisamente todo lo que no soy lo que se desgrana ante mi anuencia al juego de la escritura que antecede al silencio?
Porque después del arrojo desenfrenado queda un silencio,
si,
después de las convulsiones onomatopéyicas de la dominación del sin sentido
se viene la palabra constreñida y queda un silencio como jolgorio de párrafos suicidas,
una paz extraña parecida a un territorio sin fronteras,
semejante a un horizonte mudo de celajes lisonjeros.
Una paz preñada del silencio que arrebata el artificio,
la máscara hueca de cada pensamiento que se hila en la mesura y aquieta las aguas temerarias de la locura.

También soy ese mundo desahuciado que espera su hora en agónica desarmonía,
y me lastima o ¿me dejo lastimar aunque no quiera?
Lastimar por la fuerza de la demencia colectiva que se aglutina cómodamente en cortocircuitos inconscientes y acciones contrarias a la luz de mi espíritu intacto,
y soy cómplice del llanto y la violencia en los rincones del alma atrincherada,
listo para el ataque contra mi propia humanidad.
Frente a mis ojos nublados por la sinrazón aparece el otro como separado, extraño y enemigo.

Suelo ser el amor encarnado cuando reconozco mi sombra única,
esa sombra que taciturna esta a la espera del abrazo deseado, de las caderas y la franqueza
a la espera de las imágenes de un mundo feliz.
Entonces quedo desnudo en el sortilegio de la noche, desatado! en la misteriosa luz de esa luna de marzo
Luz que me libera y me invita al aullido milenario,
a la oquedad del universo librado de toda su compleja maraña de causa y efecto.

No soy estas palabras
aunque me convierten en náufrago derivando en las arenas más profundas del concierto de voces que habita en la neurona primigenia,
ese torbellino sináptico que libera lo mejor del potencial humano
y revela a ese sanador sanándose cada vez que escucha las voces del corazón,
cuando se expande y se contrae en el ritmo primitivo donde yace la verdadera identidad unificada.

La Palabra del núcleo que enclaustra y al mismo tiempo libera mi nombre, es la corazonada de un latido sobreviviente de naufragios y puñales.
Mi maestro interior me desata y aviva la oportunidad de emprender el vuelo de mil palabras.
El alma evoluciona y aprende que cuando se desprende de los verbos hechos nudos en la garganta, se perdona, se ama el designio de cada frase balbuceada e imperfecta,
se mira con asombro y no sin compasión al traidor, al verdugo y al rival,
esos espejos de mí mismo que han perpetrado su ignorancia contra la mía
haciéndonos sentir separados en la grandísima ilusión que es la vida.

Ahora, a punto de ser silencio,
ahora que me contraigo
sé que era insoportable no arrojarlas todas
y por un momento, me quedo sin palabras.

por Rodolfo Oreamuno Ramírez
Corrección de estilo y edición Gloria Serrato

2 comentarios:

  1. Es un poema muy personal e íntimo, por eso respeto el fondo del mismo.

    En cuanto a la forma, se podrían sintetizar un poco más algunos versos, de manera que se logre resaltar y enfatizar mejor algunas imágenes e ideas muy logradas. Luego te mando un par de ejemplos. Saludos y adelante!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Excelente gracias por abrir caminos mejores a los trazos todavía imperfectos de este retrato!!

      Eliminar

Gracias por sus reflexiones !