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martes, 16 de octubre de 2012

GEMELO DE AGUA -16-













Esa mañana de sábado
empezarían las contracciones.
Octubre era un temporal arrebatado
como solían ser otrora los octubres.

Esa mañana, ella, con el dolor de la creación
en la oquedad del firmamento de su entraña,
acompañada de la abuela Mela al subir al bus
la fuente desaguó, empapó el pasillo
y el vértice de las extremidades temblorosas.

Venía la luz, daría a luz en unos instantes. 

El chofer del barrio paró la casadora
“Voy al hospital -advirtió más pálido y nervioso
que la dichosa primeriza de 15 años apenas-
quienes quieran se bajan” exclamó con convicción.

Nadie contradijo,
y continuó con prisa la súbita travesía.

Al bajar del camión con intenso encogimiento
las gentes en notorio regocijo
gritaban bendiciones al neonato.

La rosa se desbordó, como un manto eflorecía
en esa luna que sueña el rumor de un nacimiento.

Al salón blanco de luces blancas fue conducida 
con las dilataciones en toda su magnificencia.

Al llegar el medio día
los campanarios tañen, doblan y replican
en la Iglesia de la Agonía.

Es Día de San Gerardo, y muy cerca de ahí
las campanadas estremecen el llanto de un niño
que nace… nace y cuando nace el zenit se afinca.

Gemelo de agua dicen las enfermeras al comprobar
que a su lado una bolsa con líquido amniótico lo acompaña.

Será valiente para la defensa, un hombre de paz
dijo la tía Mayita cuando la madre felizmente gritaba
¡Es un varón… un varoncito!!


Nació Rodolfo Gerardo Oreamuno Ramírez el día 289 de 1971.







Escrito por Rodolfo Oreamuno Ramírez






sábado, 6 de octubre de 2012

Algunos besos se queman en el filo.








Algunos besos se queman en el filo
del firmamento que es tu pubis,
no hay ausencias cuando te vienes
ni exigencias cuando te vas.
Yo puramente siento como me deshilo
como una espiga pueril
cada vez que apareces
desnuda con alas
tibia, mojada
multiorgásmica
enraizada al cosmos
libérrima
no subordinada
ni al deseo, ni a la ilusión
de los amores que no aman

No extrañaremos mañana
los Escalofríos repentinos
ni los goces sin censura.
El porvenir es sendero anodino
para tu espalda, tu cintura
para el ahora y el nirvana.

Siempre estamos completos
en el suspiro clandestino,
en el laberinto de nuestros delirios
y antojos nos sumergimos intactos.
En el torbellino
del vaivén erectos
y encendidos como cirios
nos devoramos con la luces encendidas.

Al otro lado del espasmo la soledad nos espera,
aguarda silente y nos custodia
detrás de la ventana del olvido.
Sabe que es pasajera nuestra compañía
y que mútuamente estaremos agradecidos
cuando ella abrace nuestros días.

Ahora la sangre se acelera,
el coito resplandece en nuestras bocas
y el sigilo se presta a la concordia
de vernos elevados a la milésima potencia
del éxtasis ahora, cuando eros vocifera
y el éxtasis supremo nos trastoca.





por Rodolfo Oreamuno