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viernes, 24 de mayo de 2013

EN GUANTÁNAMO ESTAMOS





En Guantánamo estoy preso como vos,
como el maestro y el granjero
con las tripas vacías por su huelga
de hambre, con nuestros rostros vejados
por el metal, el cautiverio y las rejas
incrustadas entre las uñas y la vértebra.

En esta bóveda donde olvidamos
los besos la vejez es eclipsada
por el grillete y la tortura.

Aquí estamos entre los muros
del martirio que drena los ojos
en la vacuidad de la mordaza
y el castigo desmedido.

Aquí nos convertimos en un grito
hueco sin fondo de pena.

No podemos huir del polvo abrasivo
en la lengua, del horror de las heridas 
en nuestros brazos, en nuestras costillas
en la tibia y la calavera cansada del lamento
y la caricia negada por el golpe de bota.

Nos fabricaron evidencias
al anciano, el loco y al joven sin alas,
purgamos el pecado de haber nacido
tan lejos de Cuba.

Probablemente llevamos
bombas en las venas
y nuestros ojos sean granadas
que amenazan la paz del mundo,
por eso el abuso y el delirio
acorralado por el excremento
de nuestra juventud
o nuestra demencia.

Para unos ya el cementerio es umbral de regocijo.
Añoramos el sepulcro de nuestros restos,
el nicho inmaculado de nuestras plegarias
muertas. Somos culpables de ser inocentes
de la locura senil, de la pubertad desolada
de no reconocer nuestra sombra de espanto,
y de tener las alambradas retorcidas en la mirada.

Por eso merecemos la pena de muerte,
algunos colgaron sus cuellos de los barrotes
y cavaron la tumba en sus pechos sometidos,
ardor de la fractura martillada por el lamento
insoportable sin cobijo, ni amaneceres
donde se nos mire como seres humanos.

En Guantánamo estamos confinados
al terror en el nervio, y el caos en la garganta,
somos espectros vigilados por nuestra propia agonía.
En este réquiem del infierno nos aguarda
la emboscada nocturna de la mudez
húmeda y la piel fría.



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Por Rodolfo Gerardo Oreamuno Ramírez

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