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Discursos como presidente del MHCJS 2010-2011




Diciembre 2011

A penas sospechando que sería el último Discurso como presidente de la Junta Administrativa del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría realizo este discurso de Rendición de Cuentas cómo parte de las actividades de celebración  de un aniversario más del Museo.

Buenas tardes

Muchas veces la vida es como un rompecabezas, cada pieza representa un momento, una persona, una situación. En este rompecabezas estamos todos y cada uno de nosotros somos piezas clave de en el entramado de nuestra existencia.

Le agradezco a Dios por haberme permitido el honor de participar de esta tan importante responsabilidad de presidir la Junta Administrativa de este digno Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, y que me permita expresar ante ustedes cuales han sido nuestras intenciones o metas y cuales nuestros logros o propia realización. El desafío y las oportunidades que implican atravesar y ser protagonistas de un tiempo de cambios tan profundo como lo que vive nuestra  sociedad contemporánea, nos hace estar atentos en cada paso que emprendemos en nuestra lucha. La tarea es enseñar a apreciar nuestra cultura y el valor y fundamentos históricos de la idiosincrasia e identidad costarricense.

Pero primero quiero felicitar al Director Juan Madrigal quien se encuentra en una importante gira internacional como artista independiente representando a nuestro país con su reconocido talento, y llevando una sonrisa y su afecto alajuelense a personas que desde sus propias latitudes y por medio de las ideas hechas palabras de nuestro querido Juan cuentacuentos crearán un imaginario costarricense ideal en sus mentes. Y esa Costa Rica real que el cuentista lleva en su pecho y en sus manos es la Costa Rica que somos todos nosotros y que en algunos rincones del alma de los costarricenses hemos estado olvidando ante la ausencia de un rumbo solidario de entendimiento y justicia social que nos ilumine y nos salve.

Cuando el señor ministro Manuel Obregón me honra con este nombramiento hace poco menos de dos años, la junta administrativa experimentaba una serie de transformaciones que eran reflejo perfecto de la vertiginosa evolución que en todas las áreas de este Museo se venían gestando. Con unas nuevas y extraordinarias instalaciones y  un nuevo director era lógico pensar que se estableciera naturalmente una nueva Junta Administrativa, la cual se logra conformar de manera más permanente hace cerca de 7 meses. Vamos transformando la realidad uniendo las piezas de un rompecabezas intrincado cuya efectividad depende tanto de las condiciones exógenas como de las intenciones más profundas en el interior de cada una de las personas que trabajan y colaboran con esta querida Institución.

Sin embargo el rompecabezas que ya esta tomando forma sigue todavía sin completarse.

Es necesario recalcar que prácticamente con el mismo recurso humano se atiende ahora en estas instalaciones de 5000 metros cuadrados lo que históricamente se sostuvo durante unos 35 años en un espacio de 500 metros cuadrados.

Para mí el logro más significativo ha sido poder establecer en el presupuesto la posibilidad de que este museo pueda contar con un Plan Maestro y una visión Bicentenaria de ahora al 2021, por medio de la contratación de un recurso humano que es pieza fundamental y que ha sido una carencia histórica de esta institución, que ha hecho adolecer  de su propio plan y modelo de desarrollo institucional.

En estos dos años aquí las piezas se han conformado en la acción y se ha hecho de todo, se volvieron abrir los espacios a la comunidad y comenzamos a ofrecer con mística, con entusiasmo, con conocimiento y con creatividad, charlas, conferencias, seminarios, ferias, festejos patrios, exposiciones temporales y la permanente, talleres, festivales, foros, visitas guiadas, programas educativos y culturales como ruta de los Héroes y teatro al medio día, e inauguramos nuestro jardín anfiteatro Francisca “Pancha” Carrasco Jiménez. Y repito, con un presupuesto que a todas luces es insuficiente, al continuar siendo otorgado como si todavía fuera este un museo pequeño. Así que con un presupuesto minúsculo esta gran institución se traza metas y objetivos altos con una misión respaldada por los próceres de la patria que nos aconsejan y señalan el camino de lucha y de victoria.

De esta manera, demostramos  que, a pesar de la falta de liquidez con la que nos hemos enfrentado, se ha podido evolucionar. Estos hechos reflejan la oportunidad que tenemos de crear un modelo de gestión eficaz que nos permita crecer al ritmo de las exigencias actuales y necesidad de los ciudadanos deseosos de arte y de la recuperación de su propio valor y su herencia originaria.

Cuando analizamos la gestión que juntos hemos desarrollado a lo largo de poco más de año y medio de acciones concretas y esfuerzos cotidianos vamos haciendo la historia de nuestro presente y la Misión es preclara y contundente.

Este Museo se ha propuesto convertirse en el museo de la Historia Republicana de Costa Rica con énfasis en la Campaña Nacional 1856-1857. Se ha propuesto apropiarse de su sentido como Museo de carácter Nacional y expandirse desde lo local hacia lo universal para llegar a cada rincón de este país, y que ningún costarricense o extranjero habitante o visitante ignore este episodio trascendente en la historia nacional.

Este es un museo que aprendió a lo largo de los años a estar en contacto cara a cara con los alajuelenses, siempre nos han invitado, nos han abierto las puertas a nuestra memoria histórica y nos han cultivado respeto y fidelidad al legado de nuestros Héroes y Libertadores de la patria que en otrora no tuvieron recato en ofrendar sus vidas en la muerte de la guerra para obtener la victoria de sus ideales de libertad y justicia.  Este museo ha estimulado nuestras mentes por medio de las mas diversas expresiones del espíritu humano y en la actualidad esa acción ha sido intensificada y amplificada de manera notoria con la intención de expandir nuestras acciones hacia todo el territorio nacional. Aunque no son los primeros pasos, son los pasos jóvenes que hacen de este lugar un renovado escenario de conocimiento de la historia patria y la cultura universal en general.

Entre el recorte presupuestario del año pasado, la ausencia de respuesta a nuestra insistente solicitud de ampliar esos recursos y la crisis de valores imperante en nuestra sociedad este Museo se ha dedicado con mucho empeño a ocuparse de temas culturales, de atención a la mujer y la niñez y la juventud y más que nunca nos sentimos inspirados para dar lo mejor que somos capaces con el único objetivo de impactar positivamente en nuestra sociedad y hacer que nuestra historia nos sea útil en el cotidiano y nos  sirva como un  faro en la isla del conocimiento y la iluminación de nuestra cultura tanto con lo que se manifiesta visible como lo intangible, pero que nos sustenta como costarricenses y seres humanos.

Quiero destacar que aunque con dolor y orgullo en este lugar tenemos presente una guerra de enormes proporciones militares, casi imposibles de imaginar en las mentes de las generaciones actuales, donde varios miles de compatriotas murieron en nombre de altos ideales emancipadores y que no dejaron signos de duda del afán de autonomía y libertad de los pueblos latinoamericanos. Recordamos aquí desde hace 37 años a un pueblo que en un diciembre muy diferente a éste marchó al norte acompañados e inspirados por nuestro glorioso Libertador Juan Rafael Mora Porras quien por ardid del destino la historia lo convirtiera  en mártir de la patria. Don Juanito Mora encendido por su pensamiento, de las acciones geniales y valientes pasó a vivir en las ideas de un pueblo inteligente y sensible, sigue nutriendo a los que luchamos y seguiremos luchando por aquellos sueños. Nuestra lucha ahora es sin armas y sin trincheras contra el vil filibustero contemporáneo que como un lobo disfrazado de oveja nos llega con tratados y con dinero a comerciar  nuestras instituciones, nuestros bienes tangibles e intangibles, nuestros recursos naturales y nuestra memoria mediante una globalización de valores enajenantes de olvido y rechazo de lo propio y ceguera y dominio de intereses mezquinos donde la avaricia y el individualismo esclavizante pone en riesgo nuestra autonomía alimentaria y económica. Nuestras armas se trocaron en palabras que reafirman los ideales nobles de un pueblo valeroso que supo ser libre ayer y que hoy a pesar de las contradicciones sociales sigue dándole sentido su vida y resurge cada día de tan nobles sueños para construir una sociedad mejor.

Sin seña de duda el rompecabezas histórico por la defensa de nuestra querida patria se completa con las acciones suyas y mías en ese imaginario colectivo que juntos podremos liberar de la ignorancia y el olvido de nuestras raices.

Muchas gracias a todos los que se unen como piezas clave de este proceso de reivindicación cultural y social que atravesamos.

Buenas tardes.

Por Rodolfo Oreamuno Ramírez
Corrección de estilo y edición: Ivanna López Ampuero



Setiembre 2011


Juanito Mora o la derrota del silencio



Buenas tardes:


Muchas veces, cuando estamos sumergidos en la locura de la vida cotidiana, ansiamos desesperadamente el silencio. El silencio así, es bello, lleno de significados, de paz. El silencio dentro del movimiento excesivo de la ciudad, de los gritos estridentes de una sociedad cada vez más alejada de la cultura, es un refugio. Pero no siempre el silencio es noble y tranquilizador. Muchas veces es atemorizante y otras, es una venganza establecida a favor del olvido. De ese silencio es del que vamos a hablar esta tarde. Del silencio al que fue sometida la figura de Juanito Mora cuando fue fusilado hace 151 años. Era un ser de extraordinarias cualidades humanas que dejó un legado de patriotismo y lucha por la libertad. Un hombre muy querido y admirado no solo por conducirnos a la gloriosa victoria en la Campaña Nacional sino por su espíritu de justicia progresista y por haberse constituido en un transformador de nuestra sociedad.

En esta tarde, queremos ponerle palabras al silencio, queremos ponerle voz a la historia y, para ello, es necesario recordar una vez más la epopeya de nuestro héroe porque lo que no se dice, no existe y Juanito Mora existe hoy más que nunca. Fue electo presidente de Costa Rica por primera vez en 1849, reelecto en el 53 y en 1859 fue de nuevo reelecto por el pueblo. Sin embargo,  el 14 de agosto de ese mismo año fue derrocado y forzado al exilio,  lo que culminaría en que en 1860 fuese engañado con que se efectuaría un levantamiento general en Costa Rica a su favor si regresaba a tomar el poder, Mora cometió un grave error y al regresar con algunos de sus partidarios y parientes. Se debe enfrentar a una fuerza militar de enormes dimensiones que avasalla a las reducidas fuerzas moristas en un sangriento combate desarrollado en  La Angostura.

Como una gran paradoja, Mora sobrevivió a los enemigos que venían de afuera con veneno en las garras del Destino Manifiesto, pero sucumbió ante la ruindad  y la traición de sus hermanos costarricenses. Estos compatriotas en Puntarenas, le dispararon sin lograr su cometido de asesinarlo en el momento y recurrieron a un tiro de gracia para culminar su obra. Haciendo uso de un grado incomprensible de crueldad, pretendieron arrojar su cuerpo al estero para que fuese devorado por los tiburones, pero, su cadáver fue rescatado por el cónsul francés Juan Jacobo Bonnefill, quien se opuso a tal acto nefasto. Según se sabe, el cónsul envuelve el cuerpo en la bandera de Francia, lo lleva a un lugar alejado, extrae su corazón y en solitario inhuma los restos de nuestro amado libertador.

El 30 de setiembre de 1860, en Puntarenas, a las 3 de la tarde se fusiló a Juanito Mora y con él se fusiló a su recuerdo y se fusilaron las palabras que hablarían sobre él. Ese día se fusiló a la memoria y se fusiló el derecho de que se escribiera su nombre entre los nombres de los libertadores de América. No se fusiló solamente a un hombre, se calló completamente su recuerdo. Ese fue el día en que triunfó el silencio.

Afortunadamente hoy es un momento para hablar, alto y claro. Para gritar si fuese necesario que ese día no será olvidado jamás. Ya nadie podrá quitarlo de la memoria de un pueblo que lo admira y que lo ama porque recuerda su don de gentes, su humildad y la manera en que sirvió a Costa Rica en el momento más peligroso de su historia, cuando asumió con otros grandes hombres la responsabilidad de defender la soberanía política, la integridad, la Independencia y la libertad hispanoamericanas.

La paz, esa paz venturosa estaba pérfidamente amenazada, sostuvo Juanito Mora y estaba tan convencido de esto, que junto a sus seguidores,  creó una estrategia militar sin precedentes. De esa manera terminó  liderando a los pueblos, los gobiernos y los ejércitos de Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y nuestras tropas, hasta alcanzar la victoria de sus más altos ideales y derrotar a la falange ímpia, como él denominaba al ejército filibustero dirigido por William Walker quien el 1 de mayo de 1857  se rindió en Nicaragua tras 14 meses de guerra sangrienta.

Ya hemos roto el silencio. Lo hemos llenado del sonido de las palabras que recuerdan a este hombre digno de alabar. Sin embargo, este recuerdo lleno de sonidos no tendría sentido si no rescatamos y exaltamos los valores y principios defendidos por el líder de la Campaña Nacional de 1856-1857 y que están enfrentados con los modelos globalizadores del miedo, la injusticia social, la corrupción y la avaricia actuales. Es necesario, entonces librar una batalla como la que Don Juanito llevó a cabo pero para liberar a nuestra cultura de la bestia desbocada de la ignorancia y del olvido de nuestro legado histórico y que posibilite que la paz, esa paz venturosa se mantenga incólume y sea heredada, de generación en generación.

Todavía falta mucho, estos son los pasos firmes de un Museo que busca ocupar un lugar en el corazón de cada costarricense  para que nunca nos quedemos sin ideales y sin verdades.


Hoy, recordamos un acto criminal, en el que asesinaron a un prócer y nos llenaron de silencio. Sin embargo, ya no nos dejaremos arrebatar la memoria. Levantamos la voz para retratar a un Juan Rafael Mora Porras con la frente altiva, indoblegable y acompañando a su pueblo en el campo de batalla. Levantamos la voz, para hablar de  Don Juanito hermanándonos al impedir que se ultrajara la soberanía de los países centroamericanos y se respetara el derecho a la vida y a la libertad. Levantamos la voz para reafirmarlo  Héroe y Libertador de la Patria, quien liberó a Centroamérica entera de la esclavitud. Levantamos la voz, esta vez sí, pero para fusilar con palabras de amor la injusticia del olvido de su imagen. Levantamos la voz y fusilamos al olvido y al silencio...

Paz, justicia y libertad para todas y todos
Muchas gracias

Por Rodolfo Oreamuno Ramírez
Corrección de estilo y edición: Ivanna López Ampuero



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Agosto 2011

Inauguración por parte de la Presidenta de la República Doña Laura Chinchilla del Jardín Anfiteatro Francisca (Pancha) Carrasco Jiménez del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría. 

Discurso del Presidente de la Junta Administrativa



Buenos Días

Aquí, bajo mi pecho, late mi corazón. ¿Lo escuchan? Late con el mismo sonido con que latió el de un joven valiente llamado Juan Santamaría hace ya muchos lustros atrás.  Sigan escuchando y percibirán que el sonido del corazón de ustedes late también  como el de nuestro Héroe Nacional siguiendo el compás de los clarines y tambores que llamaban a la guerra. Al comprender esto, ardemos en una antorcha que ilumina igual que lo hicieran las de los esforzados combatientes durante el siglo XIX. Somos corazones en llamas latiendo por este valeroso y digno país.

Si pudiéramos trasladarnos en el tiempo, seguramente tendríamos las armas preparadas para alcanzar el triunfo en la Campaña Nacional de 1856-1857. Esa fue una epopeya determinante para nuestro designio iluminado, gracias a todos los corazones que se decidieron por latir envueltos en llamas o morir en el intento.
  
Pareciera imposible esta analogía en los  tiempos que corren.  Pero nosotros, aquí en este Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, también estamos empeñados con el mismo rigor e idéntico compromiso en la tarea cotidiana.

La forma en la que consideramos a la promoción cultural que estamos desarrollando, convierte a este museo y a este anfiteatro en el escenario perfecto para congregar a un gran número de personas interesadas en cultivar su imaginario y despertar la química cerebral que embellece nuestra vida  al vernos reflejados en el arte. Y hoy, recibe además, la visita de la Sra. Presidente de Costa Rica, Doña Laura Chinchilla. Es para nosotros un privilegio que nos visite y que conozca de cerca los vestigios de un tiempo y una época fundamentales para nuestro desarrollo como país. Bienvenida, Sra.

En este Museo invitamos a disfrutar de la cultura, porque creemos sin sombra de duda, que a través del arte somos capaces de contar nuestra historia y de llevarla como una buena narración, a las comunidades, a las escuelas y colegios, a las universidades  y a todos los escenarios del país.

Considero  necesario recalcar que el programa educativo del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría se concentra en la Campaña Nacional 1856-1857  para que ningún costarricense ignore su historia.

Es aquí, desde foros, charlas sistemáticas y diversos programas permanentes como Ruta de los Héroes, entre otros, coordinados con una creciente cantidad de instituciones educativas,  que se hace patria. Se hace patria trabajando con esmero, se hace patria apoyando el desarrollo de una provincia y de un país, se hace patria recuperando la memoria activa de un pueblo y brindándoles el derecho al pensamiento, a la metáfora, al crecimiento interior. Ese es nuestro compromiso diario. Para hacer eso, es necesario una administración impecable y mucho esfuerzo. Pero, para cumplir con nuestro deber de hacer patria necesitamos recursos. Estamos agradecidos por el apoyo que tenemos sin embargo, a todas luces, es insuficiente. Por eso, esta mañana tenemos lista una solicitud para nuestra ilustre visitante, la Sra. Presidente que seguramente sabrá valorar nuestro trabajo y comprender las necesidades que una Institución como esta tiene. También estoy seguro que obtendremos su apoyo, porque trabajar por el bienestar de un pueblo es asegurar tractores pero también violines e historia, cultura, arte, educación...

Desde que este Museo existe, ha prevalecido una importante participación de la comunidad en los temas de un conocimiento más integral, a través de talleres de liderazgo para mujeres emprendedoras, de poesía, pintura, canto, teatro y yoga; foros de realidad  nacional entre otras iniciativas gratuitas impartidas por profesionales de manera ad-honorem muchas veces.  Es por esto, que pareciera que aquí se erigiera una suerte de universidad popular, quizá la misma tan soñada por Carmen Lyra.  

Este es un Museo que no sólo, tiene el privilegio de salvaguardar la memoria de un pueblo extraordinario; sino también, tiene por objetivo recordarnos siempre una etapa triste y gloriosa de la vida de nuestra Nación.  

Dos años duró aquella guerra. Fue en ese momento, cuando Centroamérica entera estuvo amenazada, que surgió el ejército costarricense para inmortalizar sus hazañas en manos del principal estratega militar de la Campaña Nacional, General José Joaquín Mora Porras. Una gran Institución que llevaba sobre sus hombros la carga de una ingente misión que habían aceptado probos y visionarios hombres capaces de guiar la única guerra centroamericanista en todos los tiempos. Una guerra de impresionantes proporciones castrenses, que defendían la heredada independencia conquistada en lejanas latitudes latinoamericanas en la que se invirtió más de una década de dura lucha, hace casi 200 años.

Por  esta razón, es imperioso recordar aquel Grito de Dolores que clamaba por la sublevación contra el imperio decadente de la corona Española. Por esta razón, tampoco podemos ignorar aquel heroico llamado a las armas que profiriera, contra una gavilla de filibusteros provenientes de la potencia emergente de América del Norte, nuestro Libertador y Héroe Nacional Don Juan Rafael Mora Porras, o como todavía seguimos llamándole a nuestro lúcido, valiente e inmortal “Don Juanito”.

Don Juanito supo que saldríamos victoriosos.  

Ese buen hombre demostró ser capaz de heredarnos, libre de toda esclavitud y dominación este pedazo de mar y tierra que se llama Costa Rica. A su lado más de 5000 mil hombres y mujeres marcharon  a la guerra, entre ellas una que se distinguió por ser, “una mujer de armas tomar”, valerosa Pancha Carrasco primera heroína nacional a quien reconocemos y otorgamos con alegría nuestra más patriota admiración.

Ahora, en libertad y dicha, inauguramos este Jardín Anfiteatro que por acuerdo unánime de la junta Administrativa de este Museo a partir de hoy llevará el nombre de Francisca (Pancha) Carrasco Jiménez, para que nos congreguemos en paz a enarbolar la tea de nuestra libertad por medio de las más diversas manifestaciones del espíritu humano.

Deseamos que desde este espacio los artistas nos muestren toda la belleza que puebla el universo con el mismo tesón con el que nuestros héroes nacionales lucharon por la patria. Pero hoy, la lucha no es contra las tropas invasoras de un pueblo que ni nos entendía ni nos amaba. El desafío es combatir la desidia, la ignorancia, la incultura. Podrá haber cambiado el campo de batalla pero los corazones de los que nos oponemos a la oscuridad sigue latiendo con la misma fuerza de antaño, con el mismo ritmo acompasado del tambor... ¿Los escuchan? Siguen siendo nuestros corazones en llamas los que laten por una Costa Rica que ame su historia y su cultura como nuestros patriotas amaban la libertad.

Muchas gracias.


Por Rodolfo Oreamuno Ramírez
Corrección de estilo y edición: Ivanna López Ampuero

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 Junio 2011
 Celebración del 40 Aniversario del Ministerio de Cultura y visita del señor ministro de cultura Manuel Obregón.
 Palabras del presidente del Museo
 Buenas tardes
 Vivimos en una sociedad en que muchas palabras van perdiendo el significado: Cultura, Nación, Justicia y Libertad. Todos estos términos van mutando, cambiando, modificándose a lo largo del tiempo. Como las costumbres, como los ideales de las personas, y es imprescindible aquí ahora que surjan voces que anhelen rescatarlos.



 Si nos detenemos en el concepto de Nación, por ejemplo no es lo mismo para nosotros, hombres del siglo XXI que para aquellos  de la Campaña Nacional 1856-1857, que tuvieron que enfrentar  una guerra de inmensas proporciones donde Costa Rica entera era líder de los ejércitos centroamericanos. Fueron tiempos durante los cuales,  los costarricenses empuñaron las armas en el ejército libertador. Si esas mujeres y hombres valientes pudieran describir su concepto de Nación, seguramente estaríamos hablando casi de otro idioma.  Lo que sí nos queda claro, perfectamente claro, es que la Nación se construye con la Paz.  Una paz genuina  que no implique solamente garantizar la independencia e integridad del territorio con uñas y artes como fueron capaces de hacerlo nuestros compatriotas del siglo xix, de la mano valerosa del soldado Juan Santamaría y las ideas geniales del General Juan Rafael Mora Porras. Hoy ya no es una paz ganada con las armas. En este momento de nuestra  historia estaríamos hablando de la paz construida desde la convivencia social, desde las ideas, desde la cultura.


Un pueblo que ama la cultura es un pueblo que busca la paz. La paz se construye día a día y se hace cultura, y se fomenta en las nuevas generaciones y se cultivan los ideales en la memoria del ser costarricense. Este es un pueblo culto,  que a lo largo de las generaciones ha trocado armas por educación y,  cañones  por poesía, amenazas por música, ignorancia por amor.

 Este es mi pueblo, mi Nación, un pueblo que respeta toda manifestación del espíritu humano, que engrandezca los pensamientos,  que entiende  que con la fuerza de la palabra y de la inteligencia se logra más que con el puño cerrado.

 Hoy estamos festejando a la Cultura, estamos conmemorando 40 años de un Ministerio que se ha encargado día a día por preservar lo más importante que tiene el ser humano: su sensibilidad, sus ideas, su derecho a la belleza y su memoria. Porque disfrutar de la historia, del arte, de la cultura, de la metáfora es un derecho ineludible de todo ser humano y aquí es de esa manera que hacemos y defendemos la patria.

Este es un Museo para eso. Es la casa en la que habita el derecho de los hombres de todo este país a recrear una época y crear una cultura. Es una casa de puertas abiertas,  de corazones ansiosos por contar lo que fue y lo que nos ubica en el ahora. Lo paradójico, tal vez, es que recordando una guerra, afirmamos la paz.  Preservando la historia del mejor ejército de la región y las acciones claras de nuestros valientes patriotas, cimentamos nuestra cultura. Hacemos esto porque tenemos memoria, porque creemos que conociendo el pasado,  podemos interpretar el presente y proyectar nuestros ideales hacia el futuro. Somos una institución que extiende las manos para todo aquel que quiera recordar.
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Pero hoy es un día de festejo, de alegría, de reafirmación de la vida a través de la cultura. Eso es lo que quiero remarcar en este momento. Así como las mujeres y hombres valerosos defendieron un ideal de nación, nosotros defendemos un ideal de cultura a través de una Institución que nos abraza, del Ministerio de Cultura y juventud que con otras armas,  mantiene una lucha encarnizada también contra la desidia y el olvido.  El apoyo  por parte del Ministerio y del Sr . Ministro Manuel Obregón ... es cotidiano. Es un esfuerzo que se ve claramente  en muchas  ramas de la cultura, que palpamos permanentemente pero que consideramos  que no se puede hacer sin ayuda y sin principios.

El arte es una herramienta que nos puede encausar a la toma de conciencia de la realidad convirtiéndose en un factor desalienante efectivo que urge avivar cada día por medio de oportunas políticas de gestión cultural por parte nuestro imprescindible Ministerio.

Somos  los herederos de una raza de valientes soldados. Somos los guardianes de un pasado de lucha y de gloria, somos los que debemos preservar la memoria como si la vida dependiera de ello. No contamos con cañones y armas de fuego, contamos con la memoria histórica de una gran victoria nacional y tenemos las artes que no es poco, que nos bastan para levantar la voz con el mismo tinte patriótico de antaño y para poder decir viva la patria, viva la cultura.

Finalmente, no debemos olvidar nuestra identidad como museo, como casa del recuerdo. El lugar en el que el tiempo no existe porque pasado y presente se unen en una misma naturaleza. El lugar en donde con mucho esfuerzo resignificamos los conceptos más importantes para nosotros como paz, cultura y Nación.

Muchas gracias



Por Rodolfo Oreamuno Ramírez
Corrección de estilo y edición: Ivanna López Ampuero


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Octubre 2010

En Acto de Presentación del Libro Clarín Patriótico, La guerra contra los filibusteros y la nacionalidad costarricense, del Dr Juan Rafael Quesada.







Palabras del Presidente del M.H.C.J.S


Este libro se proyecta como un clarinazo directo a la conciencia del espíritu costarricense.

El texto en nuestras manos nos conduce al pasado y en lo personal, me advierte sobre nuestro presente.

Con estas breves líneas quisiera expresar al autor mi profundo reconocimiento y gratitud ante este trascendente ejemplar escrito que presentamos hoy para cada vez que el libro se abra y se despliegue sonoramente o en honda voz interna el llamado inequívoco de nuestra alma pura costarricense.

En Junio del 2010 el Consejo de Educación incluyó en la lista de libros de estudio para secundaria Clarín Patriótico: la guerra contra los filibusteros y la nacionalidad costarricense, y otros títulos que nos traen una visión actual y profunda de los acontecimientos más transformadores de la historia nacional y por lo tanto de las luchas independentistas de los pueblos latinoamericanos.

Clarín Patriótico se convierte en una referencia inequívoca para la historiografía costarricense: una producción épica creada en Costa Rica durante la guerra contra los filibusteros.

Este importante ejercicio investigativo se desarrolla dentro de la misión del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría de "mantener vigente en la memoria colectiva del pueblo costarricense la gesta heroica del pueblo protagonizada contra el invasor filibustero en 1856 - 1857"

Se cree en la difusión y preservación de la memoria histórica del pueblo costarricense promoviendo el arte, la investigación y la cultura, por lo que la presente publicación se une al impulso esencial para que iniciemos la reinveción de nosotros mismos a partir del descubrimiento de quienes hemos sido hasta ahora.

Tenemos en las manos tambores y clarines cuyo clamor vibra en el centro de nuestro ser unido y universal. Creemos que la lectura del Clarín sera un ejercicio de reintegración de pasado y presente en este simple instante de aprendizaje continuo.

En este libro el historiador Dr. Juan Rafael Quesada Camacho nos permite reflexionar sobre lo que significa el clarín, es decir, el arte y la creatividad en la iluminación de la cultura; la herramienta que aviva la inspiración de hombres y mujeres que se levantan en defensa de sus derechos por la heredad natural.

Sus páginas conducen al corazón que compartimos de todo aquel que se deje llevar por el recuerdo ancestral de lo acontecidoal mismo tiempo, , fortalece la identidad de un pueblo capaz de vencer sus propias debilidades (fortalezas potenciales) ante una era de cambios vertiginosos.

Un clarín en medio de la noche. El llamado profundo a despertar.

Por lo tanto, una narración fervorosa, objetiva y concreta pero enraizada al latir del sentimiento costarriscence… en la obra se recrean los espacios de aquellos hechos protagonistas de acciones decisivas en la conformación de nuestra identidad emblemática. Mediante pasajes prolíficos se trasluce el valor de un pueblo que confió en su propio poder para defenderse y preservar su autonomía y esencialidad.

Esto es un clarinazo que refuerza en nuestras mentes la Costa Rica solidaria y justa para las nuevas generaciones, que heredarán la seguridad social, la solidaridad económica, el trabajo digno y la paz en plena renovación.

Alimentamos nuestro espíritu nacional para que, lejos de la apatía y la enajenación, nos permitamos reflexionar sobre lo que nuestros hermanos ofrendaron para recuperar sus vidas, su libertad y la justicia y la concordia que heredamos. Es imprescindible recordar ahora que pertenecemos a una nacionalidad la cual se ha negado rotundamente a la opresión y a la esclavitud en cualquiera de sus formas  y al oprobio de ver nuestra tierra anexada a los Estados Unidos de Norteamérica.

Las actuales y futuras generaciones descubrirán la franca eufonía que acompañó a nuestros compatriotas y aliados en toda la Campaña Nacional de 1856-1857, sonido que durante más de 150 años pareció silenciado, como silenciada fue la figura de nuestro héroe y libertador de la patria Don Juan Rafael Mora Porras, junto con los generales centroamericanistas José María Cañas Escamilla y José Joaquín Mora Porras.

Recordamos y abandonamos las herramientas para defender la dignidad no solo amenazada, sino violentada hasta las utlimas consecuencias, poe el nefasto Destino Manifiesto en su más clara afrenta contra nuestra independencia.

Cómo se fundaron las bases indestructibles de los ideales de lucha de toda una nación y lo que constituye ahora su legado universal. Cómo a través del maestro-tiempo en Costa Rica fueron resoplando los buenos vientos guías de un país entero, en un camino colmado de bienes naturales y divinos y, sin embargo, hoy subestimados y vendidos al postor de una falsa promesa bañada en oro.

Un Clarín ferviente, que resuene profuso reanimando los corazones dormidos que, en lugar de asumir los altísimos ideales sobre los que se ha forjado nuestro país, olvidan su historia, ignoran quienes son y pierden su identidad fabricando una especie de filibusterismo-criollo, al que no le importa dejar a Costa Rica sin leyes, sin agua, sin tierra, sin aire, sin alimento y sin pensamiento.

Que nuestros nobles ideales inspiren a los jóvenes de hoy y de mañana. Hoy se levantan inmortales los mártires y guían, desde el pasado, hacia el porvenir de esta patria venturosa y privilegiada por el amor y el trabajo de su pueblo. Su estudio y divulgación apenas empieza, para no olvidar que las épicas acciones militares durante la Campaña Nacional, fortalecieron el proceso de gestación de esta nacionalidad pura y que detrás de la paz que gozamos, ahora bajo nuestro límpido azul del cielo, yace la pesadilla de la guerra y la victoria de los hermanos centroamericanos.

Las acciones heroicas del pueblo costarricense ante la amenaza de la esclavitud en Centroamérica, son “el efecto” y “su causa”,en otras palabras,  es el sentimiento nacional de amor, solidaridad, valentía y honor que une a toda una nación


Que Costa Rica sane y honre su pasado y coseche la paz largamente trabajada con el honor y sacrificio de los compatriotas que hace apenas 153 años sembraron en esta tierra.

Mi satisfacción por que libros como este tendrán una amplia difusión y mostrarán que el reconocimiento de nuestra Historia es urgente para la comprensión de la realidad presente.


Esta nueva publicación, en un auténtico sentido de patriotism, invita a recrear las notas de las canciones y poesías que componen al Clarín Patriótico publicado en 1857. En una preciosa colección de los sentimientos de la cultura costarricense expresados en la música y el verso, se mantendrá en el imaginario colectivo la epopeya de la guerra contra los invasores filibusteros como una vivencia que inspirarará por siempre.

Aquí recordamos nuestro enraizamiento profundo, nuestra conciencia mesoamericana, Latina y Americana en toda su extensión, riqueza y majestuosa geografía.

Aquí el dr. Quesada Camacho nos esclarece que la construcción de la nacionalidad costarricense está en los más íntimos sentimientos de libertad, justicia y dignidad que caracterizan a un pueblo el cual decidió ser independiente y defendió, sin reservas, esa condición. El resultado de su lucha hermanada a las causas patrióticas y a los principios universales para la Vida: la Victoria.

Paz , libertad, autonomía… trocamos las armas, empuñamos el arte (clarín) de la conciencia nacional. 

Agradecemos este regalo sinfónico para el enriquecimiento de nuestra memoria nacional y eterna.



Por Rodolfo Oreamuno Ramírez
Corrección de estilo y edición: Hanna Fou






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Setiembre 2010




A Juanito, 150 años después



Alocución de Rodolfo Oreamuno Ramírez,  Presidente de la Junta Directiva del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, en el homenaje rendido allí a don Juanito Mora la tarde del 30 de setiembre.

Buenas tardes,

Hoy nos encontramos reunidos en torno a un acto de profundo respeto y reflexión, para honrar a un ser humano extraordinario tras su reconocimiento como Libertador y Héroe Nacional de Costa Rica, así como figura insigne que encarna los más altos valores universales de la lucha por la paz y la libertad.

Este país y el mundo volverán la mirada hacia este ilustre personaje 150 años después del crimen de Estado perpetrado en Puntarenas en su contra, luego de ser víctima de una conspiración política que lo derrocó en 1859 y lo envió al exilio tras fallar en el último intento por retomar el poder. Entonces nuestro héroe es vilmente sentenciado a muerte por un improvisado consejo de guerra, y se sabe que ningún costarricense quiso perpetrar el insalvable grito “¡Fuego!”, que sería proferido por él mismo. El eco del múltiple y fulminante disparo todavía resuena en nuestros oídos, aún para los que conocemos tan poco de él, pues en nuestras venas reverbera el aliento de sus proclamas.

Por su valor y preclara inteligencia, hoy Don Juanito inspira nuestro rumbo. Su inmortalidad prevalece sobre la faz de la historia latinoamericana, por su pensamiento profundo e irrevocables acciones que lo llevaron por su grandeza al triunfo de su Campaña Nacional.

Juan Rafael Mora Porras alertó y encendió el espíritu del pueblo de su emergente y solidaria nación. Asumiendo un liderazgo virtuoso, con el que marchó al frente del ejército nacional, acompañado de otro gran centroamericanista, el General José María Cañas Escamilla, el General más querido y respetado de todos los generales centroamericanos, su grito de guerra “¡A las armas!” estalló decisivo ante la amenaza esclavista del ejército filibustero, que no pasó de Santa Rosa. Hasta ahí llegaron aquellas funestas intenciones de un imperio en plena expansión, las cuales fueron aquietadas indefectiblemente en aquel heroico combate en Rivas de Nicaragua, que inmortalizó al soldado Juan Santamaría y su brazo enérgico levantando la antorcha de la victoria para Costa Rica y Centroamérica.

Un siglo y medio después encomiamos la vida y obra de nuestro entrañable Juanito Mora bajo nuestro libre pabellón nacional. Libre porque sus notables actos protegieron valiente y decisivamente a nuestra Patria de la amenaza más grande que hayamos enfrentado en la historia. Sin embargo, dichosamente hoy no nos reunimos en torno a Don Juanito bajo nuestro libre pabellón nacional para marchar a una guerra, sino para venerar su memoria en el intento de prevalecer fieles a sus  inmortales principios.

En tiempos de crisis en que se propagan antivalores globalizados y enajenantes, son necesarios los héroes y los nobles ideales que nos recuerdan que los pueblos, las naciones, gozan del derecho a decidir por sí mismas libremente. Costa Rica heredó su autonomía de los próceres de América Latina, quienes combatieron para que nosotros tan solo firmáramos el acta de Independencia que en otras latitudes costó años de incontable sangre en fiera lucha.

Sin embargo, fue con la Campaña Nacional de 1856-1857 que se defendió en combate la independencia de nuestro país ante la inminente intrusión que preparaba el ambicioso proyecto de Walker, quien ya se había declarado presidente de Nicaragua y aspiraba a anexar el istmo a los estados esclavistas del sur de Estados Unidos, con su afamada sentencia de “las cinco o ninguna”.

Malos vientos del norte amenazaban y vos, Don Juanito, que habías percibido y comprendido las intenciones del invasor, nos llamaste hijos, compartiendo con tu gente el horror de la guerra y la cima de la gloria.

Entonces lograste que nuestras madres y fraternos nos animaran a pelear por la salvación de nuestros hermanos de la América Central, por su honor, por nuestra patria idolatrada y la independencia hispanoamericana. Nos guiaste en una causa santa y nos advertiste que el triunfo era seguro. Que Dios nos daría la victoria y con ella la paz, la concordia, la libertad y la unión de la gran familia centroamericana. Estremeciste nuestros corazones y sembraste las virtudes patrióticas que cosechamos cada vez que nos reconocemos invencibles e inmortales. Así fue hecho y así será, estimable padre, hermano Juan, Juanito…

¡Que viva Juanito Mora, Héroe y Libertador de Costa Rica y Centroamérica! ¡Paz, justicia y libertad para todos!

Don Juanito: tus sueños prevalecen. Tu vida en nuestra memoria, por siempre inmortal.



Por Rodolfo Oreamuno Ramírez
Corrección de estilo y edición: Hanna Fou





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Setiembre 2010 con motivo de la Presentación del Libro FILIBUSTERISMO Y DESTINO MANIFIESTO EN LAS AMÉRICAS



Buenas noches, estimable audiencia;


En el Museo Histórico Cultural Juan Santamaría estamos dando los primeros pasos de una gran travesía que perdurará mientras más personas comprometidas con nuestra misión asuman como propios los altos valores que aquí se postergan por definición y por convicción.

Ahora, por medio de la promoción de una cultura de creatividad en el Museo, procuramos ubicar  la música, el teatro, la danza y las artes plásticas y pictóricas en su merecido lugar y con su justo valor en nuestra sociedad. Así buscamos contar como una herramienta esencial para el rescate y reconstitución de una idea de cultura nacional que conforme una nueva percepción de nuestra historia y de la actualidad por parte de los costarricenses.

En este marco, con el fortalecimiento de las políticas de publicación de obras literarias como la que presentamos hoy, apoyamos a que sea de vital interés el estudio profundo de nuestra historia y que todas las personas nacionales y extranjeras que vivimos en este país o lo visiten, tengamos claro que durante la Campaña Nacional se forjó en Costa Rica una estirpe de héroes y libertadores valerosos que nos enseñaron a amar la patria con un pensamiento profundo y acciones consecuentes cuyo valor y significado está impreso indeleblemente en nuestra sangre y corazones.

Así el soldado del tambor con su emblemática tea, simbolizará por siempre para nuestra gloria, la libertadora luz del pueblo costarricense que se levanta y sella con visionaria templanza la Libertad, la justicia y la hermandad que nos une.  Seguiremos entonces honrando la guía del principal dirigente de la guerra contra los filibusteros; nuestro estadista insigne Héroe y Libertador de la Patria Don Juan Rafael Mora Porras. Cuyas proclamas y valentía nos inspirará  de generación en generación hasta el final de los tiempos.

Gracias por acudir a esta significativa velada en la que presentamos el libro Filibusterismo y destino manifiesto en las Américas; documento que nos amplía nuestro panorama histórico y enriquece la memoria nacional. Estamos fortaleciendo una agenda en la que permanentemente seremos convocados en esta casa de todos, para profundizar en historia, literatura, teatro y música; y en la que daremos a conocer obras de política y realidad nacional, entre otras muchas expresiones del espíritu humano y costarricense.

Seguiremos engrandeciendo los proyectos de impacto comunitario para que el cumplimiento de la misión del Museo Histórico y Cultural Juan Santamaría alcance nuestros hogares, bibliotecas y centros de estudio, comunidades y recintos culturales de Costa Rica, en un creciente vislumbre del fulgor de la antorcha de nuestros héroes y heroínas salvadoras de la patria, defensores de una tierra privilegiada que heredó su libertad y autonomía y que supo defenderla cuando fue amenazada por el ejercito filibustero y el ideario que profesaba su destino manifiesto.

Entender nuestra historia nos ayuda a entendernos a nosotros mismos con nuestra identidad costarricense y nos enseña que se pueden traer al presente las lecciones del pasado para apropiarnos con pensamientos y acciones de la libertad  sobre la que se yergue la semblanza de una Costa Rica independiente, libre y soberana que busca incansablemente  la pureza de nuestros corazones.

Bienvenidos todos y todas… que disfruten este espacio que nos une. Gracias.

Por Rodolfo Oreamuno Ramírez
Presidente Museo Histórico Cultural Juan Santamaría.